Sinergias

“El sistema alimentario global viene operando en modo posverdad desde hace décadas”

Alana Mann

En primer lugar me gustaría saber por qué alguien que ha dedicado su carrera a los medios de comunicación y las ciencias de la información ha elegido el mundo de la alimentación como tema principal de sus estudios.

Creo que tiene que ver con mis orígenes. Crecí en un pequeño pueblo de Queensland llamado Hervey Bay y mis padres llevaban un negocio de pesca. Si perteneces a una familia de pescadores, trabajas en el barco y llegas a implicarte en el negocio. Por otra parte, a lo largo de mi carrera he trabajado en medios de comunicación y siempre me han seguido preocupando los problemas de mi zona, entre los que se incluía el impacto de los desechos agrícolas en la pesca, en los estuarios, y ese patrón de desarrollo que en muchas áreas rurales hace que sea muy difícil para los pequeños negocios progresar debido a los negocios más grandes y a esa actitud de “crece o retírate” que parece ser alentada por la economía capitalista. Yo veía los daños que esto provocaba en el pueblo. La otra razón es que las grandes compañías alimentarias tienen un enorme poder, manejan grandes presupuestos y pueden diseñar campañas de marketing y relaciones públicas extremadamente persuasivas, y considero que todas sus afirmaciones deben cuestionarse, algo en lo que los medios de comunicación deben jugar un papel importante. Los medios también son vulnerables a esa concentración de poder y también en esta esfera vemos todos esos monopolios… Así que creo que desde la perspectiva de los medios de comunicación hay que preocuparse por la alimentación, porque la gente recibe mensajes relativos a la comida que influyen en sus patrones de compra, en su manera de comer, y por tanto también en su salud.

Has escrito que “el sistema alimentario global ha venido operando en ‘modo posverdad’ desde hace décadas. ¿Podrías explicar por qué?

Lo que alentó el artículo en el que lo escribí es un trabajo que he venido realizando durante diez años con el movimiento de agricultores La Vía Campesina. Gran parte del discurso alrededor de sus campañas, que tiene que ver en gran medida con la soberanía alimentaria, trata de defender a los pequeños agricultores y sus comunidades frente a esta “captura corporativa” del sistema alimentario. La razón por la que dije que el sistema alimentario ha venido funcionando en “modo posverdad” durante décadas es porque durante mucho tiempo se ha dicho que necesitamos producir más comida, que tenemos un problema de producción, que la ciencia nos ayudará a incrementar las cosechas. Y esto es verdad hasta cierto punto, porque obviamente la tecnología nos ha permitido cultivar más trigo y arroz, y toda esta tecnología de la revolución verde ha resultado muy útil, pero es tan sólo una pieza del puzzle, especialmente cuando no todo el mundo tiene acceso a esas ventajas y cuando las grandes compañías están obteniendo beneficios. Lo que quiero decir es que en el sistema alimentario, que es muy complejo, hay mentiras y verdades, pero hay ciertas voces que al parecer son las que dominan y tienden a promover ese discurso de que tenemos que cultivar más comida. Algo que se escucha constantemente es que vamos a tener que producir el doble de comida para 2050… y esto crea un clima y una mentalidad que ignoran gran parte de los problemas estructurales y también algunas de las preocupaciones en torno a los desechos alimentarios, porque si gestionamos mejor los sistemas de alimentación, no desperdiciaríamos tanta comida. Y es que ya tenemos dos veces más comida de la que necesitamos.

En el mismo artículo hablas del “mito de la escasez” y de cómo las empresas lo han utilizado como excusa para beneficiarse, afirmando al mismo tiempo que estaban salvando al mundo…

Creo que esto tiene que ver con el modelo de producción capitalista y es el caso especialmente en los Estados Unidos, donde se han producido excedentes de grano y de ganado que se han utilizado, por ejemplo, para ayuda alimentaria, lo que resulta excelente en situaciones de emergencia, pero en muchos casos acaban en mercados de países en vías de desarrollo (y también de países desarrollados), lo que impide que los agricultores locales puedan vender sus productos a un precio razonable. Esta descarga de comida es uno de los síntomas de este tipo de producción y de esta idea de que debemos crear sistemas de producción que ignoren los aspectos culturales y sociales de la comida y la importancia de tener una comunidad y una economía rurales. Estos granjeros experimentan una dramática reducción entre el coste de su producto y el precio al que lo pueden vender, lo que arruina su sustento.

El mundo de la alimentación es extraordinariamente complejo en muchos sentidos, lo que hace muy complicado el acceso a cierta información y conocimiento y también abre la puerta a muchas personas que pueden mentir (o al menos no decir toda la verdad, con el fin de proteger sus propios intereses) al público, que se ve incapaz de confirmar o desmentir sus afirmaciones. ¿Qué podemos hacer ante esto?

Este es un tema muy importante en lo que respecta al papel de los medios, porque tenemos una gran cantidad de fuentes de información compitiendo entre ellas. Y no se trata sólo de las grandes empresas, sino también de agencias gubernamentales, de ciudadanos… En Australia hemos tenido el caso de un chef muy famoso que promovía una “paleodieta” con la que tuvo mucho éxito y que ha sido severamente reprendido por poner potencialmente en peligro la salud, por ejemplo, de los bebés al decir que deberíamos alimentarlos con comida del paleolítico… Y ha habido bloggers que afirmaban que siguiendo determinada dieta habían superado un cáncer. En fin, vemos constantemente ejemplos de información peligrosa, y necesitamos fuentes de información solventes y creíbles, necesitamos ciencia y buena divulgación científica. Porque, en efecto, es un mundo muy complejo. Si tomamos el tema de la modificación genética, podemos leer una fuente que nos diga que consumir alimentos que contengan organismos modificados genéticamente no va a hacerte daño, pero otra que afirme que todavía es pronto para saberlo, que aún se necesitan estudios… Lo que me parece interesante es que en muchos países europeos hay principios preventivos alrededor de este tema, mientras que en los Estados Unidos a la gente le parece bien y no se muestran tan inflexibles en aspectos como el etiquetado de estos alimentos, etc. Así que cambia en función de cada lugar, pero no hay duda de que necesitamos personas capaces de divulgar la ciencia de modo claro y también fuentes de información creíbles, lo que se está complicando por el declive de los medios tradicionales, la fragmentación de la esfera pública y el advenimiento del ciudadano-periodista que puede transmitir información de forma viral.

A pesar de esa complejidad, vemos que los mensajes que recibimos por parte de los diferentes actores en esta esfera (empresas, movimientos, agricultores, supermercados, marcas, chefs…) diciéndonos qué es lo que debemos hacer tanto en lo que respecta a la agricultura como a la comida están extraordinariamente simplificados. Son casi eslóganes.

Estoy de acuerdo en el tema de la simplificación de los mensajes. Lo vemos por ejemplo en el mundo de los alimentos ecológicos o los que supuestamente provienen de granjas familiares… En Australia y también en Estados Unidos muchos productos se presentan como si hubiesen sido producidos por pequeños agricultores, pequeños granjeros que tienen un pequeño puñado de pollos criados en bellísimos pastos… ¿Crees que una madre que va de compras al híper con sus tres hijos va a cuestionar esto? Es complicado pedirle a la gente que ponga en entredicho todas estas afirmaciones, especialmente cuando las campañas de marketing son tan brillantes y hábiles, así que necesitamos contrarrestarlas con otras campañas por parte de otros agentes que se desenvuelvan bien en los medios de comunicación. Y a este respecto las ONGs y los movimientos sociales están llevando a cabo un buen trabajo, porque se están valiendo de todas esas herramientas, de internet, para crear contenidos estupendos y sustanciosos que circulan en los medios de comunicación. Están contraatacando, pero no disponen de esos grandes presupuestos, así que les resulta difícil competir.

¿Cuál debería ser el papel de los medios en este tema? ¿Y qué errores están cometiendo?

Creo que habría que echar un vistazo a sus agendas, porque parte del problema de la posverdad no es simplemente lo que se dice, sino los asuntos de los que se escoge hablar. En mi trabajo veo que no se habla mucho de alimentación y agricultura. La gente me pregunta por qué me interesa la agricultura. En Australia no es un tema que vayas a encontrarte en primera página, lo que resulta algo irónico, porque aquí tenemos todo ese mito del país agrícola, de los australianos que crecieron a lomos de una oveja, etc., porque exportábamos lana. Esto ha dejado de ser cierto, porque ahora exportamos principalmente productos mineros y educación, pero el mito de Australia como gran productor de comida sigue estando ahí. Creo que es necesario que los medios se centren en los problemas de las áreas rurales, lo que no es precisamente una historia bonita. En Australia hay comunidades que luchan por su supervivencia porque los agricultores no ganan suficiente dinero, las cifras de suicidios entre granjeros son cada vez mayores, se da una apropiación de las tierras por compañías extranjeras que está modificando el paisaje… Pero los medios no tienen recursos suficientes. Antes de entrar en el mundo de la universidad trabajé durante siete años en una empresa de periódicos y he podido comprobar lo que ha ocurrido en los medios de comunicación, con el desplome del modelo de negocio debido a la pérdida de los ingresos por publicidad. Esto supone que los periodistas de investigación que solían dedicarse a este tipo de información, centrándose en las áreas rurales, son cada vez más escasos. Es un problema grave, porque el mundo rural y sus comunidades necesitan que se les preste una atención que está totalmente centrada en lo urbano.

Pongamos por ejemplo el problema de los pesticidas en la agricultura. Hay quien dice que son inofensivos y otros afirman justo lo contrario. Hay una fuerte polarización en torno a estos temas: los alimentos ecológicos, los pesticidas, los organismos modificados genéticamente. O eres un hippy anticuado o un despreciable fan de Monsanto…

Aquí hay dos maneras de ver el mundo que están en conflicto. Tenemos por un lado a la industria de la biotecnología, que sigue el lema de “hacer el bien haciendo dinero” o, en otras palabras, los negocios van a solucionar todos nuestros problemas. Hoy tenemos “agricultura climáticamente inteligente” que va a solucionar todos nuestros problemas provocados por el cambio climático. Se están centrando en el conocimiento y la tecnociencia basada en la propiedad privada. Creen en las intervenciones genéticas y consideran que el crecimiento económico es la solución a los problemas sociales…. Siguen trabajando en ese proyecto de globalización que trata de conseguir un régimen de libre comercio y un sistema alimentario industrial con leyes de propiedad intelectual y donde todo tiene un valor monetario. En el otro lado tenemos, por ejemplo, a los activistas contra los organismos modificados genéticamente, esos movimientos que hunden sus raíces en otros movimientos sociales anteriores, como el antinuclear, el anti guerra de Vietnam…, en el trabajo de Rachel Carson y su Primavera silenciosa… Vienen de una larga historia de oposición y cuestionan este tipo de desarrollo y a quienes buscan tener el control del sistema alimentario. He notado que, por ejemplo, en Alemania las comunidades críticas tienen mucha fuerza alrededor del tema de la ética genética, y en el Reino Unido en el de los derechos de los animales, y en India en el de las patentes sobre las semillas, a las que consideran una forma de “biopiratería”. Estos grupos tienen un enfoque más básico y vienen de una posición muy diferente. Forman parte de una resistencia general a esto que llamamos “captura corporativa”, un asunto sobre el que ahora mismo estoy escribiendo un libro, porque creo que es sustancial en el problema del sistema alimentario. Es algo antidemocrático. Se espera de la gente corriente que se crea lo que se le dice. Y nuestra salud… En fin, basta echar un vistazo a los índices de obesidad alrededor del mundo, a las condiciones de los agricultores en países como India, donde las cifras de suicidios de granjeros son enormes, o al reciente informe sobre pesticidas elaborado por la la FAO, que identificaba 200.000 muertes al año por envenenamiento agudo. Hay que abordar el hecho de que aunque las empresas digan que se siguen ciertos protocolos, todos sabemos que hay ciertos países y culturas en las que mucha gente no utiliza medidas de seguridad, muchos que no pueden permitírselo, mucha gente que trabaja de manera no registrada o ilegal en sectores como la recogida de fruta en países como Estados Unidos, donde es un caso grave… Este problema está afectando de hecho a las personas más vulnerables. Y aquí es donde esas visiones del mundo chocan. Y en algún momento debemos dejar de ignorar algunos de los problemas más visibles que todas esas soluciones tecnocráticas no están arreglando.

En cualquier caso, parece que cada cual “elige” qué es verdad o mentira dependiendo de su ideología. De este modo, leen periódicos o ven canales de televisión que confirman aquello en lo que ya creen… La gente que está en contra de los organismos modificados genéticamente tiende a leer artículos y estudios que confirmen esa opinión y a rechazar el resto… y viceversa. La posibilidad de cualquier tipo de diálogo es pequeña, puesto que cada medio predica a quienes ya están convertidos…

Exacto, estoy de acuerdo. Y en esto tiene que ver hoy en día por una parte la fragmentación de la esfera pública y por otra la creación de pequeñas comunidades de interés o “cámaras de eco”. Cuando pregunto a mis estudiantes en la universidad de dónde han sacado sus noticias, a veces responden “de Facebook”. Obtenemos la información de fuentes y personas que tienen nuestras mismas opiniones e intereses, en lo que se llama “sesgo de confirmación”, buscamos confirmar nuestros propios puntos de vista. Y supone un reto, porque el mismo concepto de cuarto poder, de medio de comunicación en su sentido tradicional, tenía que ver con la creación de una conversación común en la que todo el mundo participaba y se exponía a una diversidad de puntos de vista. Y resulta irónico que hoy en día tengamos tanta información a nuestra disposición y al mismo tiempo nos resulte tan fácil reducir las noticias a exactamente lo que queremos oír y nada más. Así que se trata de una verdadera paradoja y es algo muy importante en lo que respecta a asuntos como la comida y la alimentación.

Internet ha hecho que el problema se complique aún más…

Exacto. Y el anonimato en la red es también un gran problema. La gente también puede cortarte y hacerte callar. Cuando publiqué en internet el artículo “Growing Food in the Post-Truth Era” (Cultivando comida en la era de la posverdad) tuve un montón de comentarios negativos, un montón de gente diciéndome “¿pero tú qué sabes de este tema?”, sin conocer en absoluto mi trayectoria y tratándome como si fuera una desquiciada izquierdista lunática. Hubo otra gente que también me defendió, pero en cualquier caso es interesante ver cómo ciertas personas quieren silenciar las opiniones opuestas. Sé que los dueños de las webs y redes sociales tratan de hacer de ellas sitios más democráticos… pero es realmente difícil mantener una conversación de verdad cuando la gente te grita y se comporta de un modo realmente abusivo. Así que es un espacio complejo. Pero lo positivo es que también hay cosas como la amplia divulgación que tuvo el informe de la FAO sobre los pesticidas, sobre el que The Guardian escribió un gran artículo, un informe en el que alguien creíble, el relator especial de las Naciones Unidas sobre el Derecho a la Alimentación, decía que las grandes compañías no se ocupan del hambre en el mundo, sino de incrementar la actividad agrícola a gran escala, y lo hacen para obtener beneficio económico. Y tenemos que reconocer que están haciendo dinero a costa del sufrimiento de otras personas. Lo han venido haciendo durante mucho tiempo.

Por último, me gustaría saber qué es esa “Post-Truth Initiative” en la que estás involucrada.

La Universidad de Sidney creó este grupo interdisciplinar de investigadores provenientes de diversas esferas. Yo vengo del mundo de los medios y la comunicación, tenemos a un profesor de ciencias políticas, otro del lingüística, filósofos, científicos… incluso gente del mundo de la empresa. Se nos encargó la tarea de desarrollar un diálogo, una conversación alrededor de la idea de la posverdad. Obviamente, el presidente Trump tuvo algo que ver en todo esto, porque el tema de las fake news tuvo repercusión aquí, y estoy segura de que en España también. Nos preguntamos qué es eso de la posverdad. Muchos de nosotros invertimos muchas horas dando seminarios, argumentando si realmente ha existido desde siempre, puesto que los políticos siempre han mentido mucho… Así que, ¿qué tiene de nuevo? Y llegamos a la conclusión de que el declive en la calidad del discurso público quizá se esté acelerando debido a los medios digitales. Así que si bien los medios digitales pueden constituir una estupenda herramienta para la educación y para incluir a la gente en la conversación, también nos está situando en una posición en la que todas estas cosas de las que hemos estado hablando en esta entrevista están dando sus frutos: cuando no sabes a quién creer, cuando te hacen callar si tu punto de vista es diferente… Así que es un momento interesante para hablar de todo esto. ¿Qué verdad es la que vale? Tu verdad quizá no es la mía… Si yo apoyo los organismos modificados genéticamente quizá tenga buenas razones y evidencias contrastadas, pero en mi opinión se trata más bien de un problema político. Fíjate en dónde está el poder. En quién se está beneficiando. Creo que debería ser la gente, los agricultores y los consumidores… No deberían ser las grandes corporaciones.

Alana Mann es jefa del Departamento de Medios y Comunicación de la Facultad de Artes y Ciencias Sociales de la Universidad de Sidney, a la que llegó tras desarrollar parte de su carrera profesional en medios de comunicación. Sus investigaciones se centran fundamentalmente en cómo los ciudadanos normales y corrientes pueden tener voz en debates políticos en torno a a problemas complejos como la seguridad alimentaria o el cambio climático. En relación con estos asuntos ha publicado el libro Global Activism in Food Politics: Power Shift. También forma parte de la llamada “Post-Truth Initiative” de la misma universidad, para la que ha elaborado artículos e impartido conferencias en torno al discurso del sistema alimentario a nivel global, que en su opinión, tal como nos cuenta en esta entrevista, lleva demasiado tiempo amparándose en falsas premisas.