Sinergias

Fragmentos dispersos

Apasionada gastronómada, Annie Sibonney ha recorrido el mundo en busca de tesoros culinarios y experiencias gastronómicas inolvidables. De orígenes franco-marroquíes y establecida en Toronto, Annie ha incorporado a su biografía emocional todos aquellos sabores, colores y aromas con los que se ha ido encontrando a lo largo de su inquieta trayectoria vital. En 2007 lanzó Relish Culinary Tours (www.relish-tours.com), empresa que diseña a medida excursiones gastronómicas a España e Italia a través de las que comparte con sus clientes su pasión por la comida, el vino, la cultura y la aventura. En la actualidad prepara una serie de programas documentales para la televisión canadiense centrados en la gastronomía española.

Un recorrido autobiográfico a través de los platos y sabores que han dado forma al romance
con la gastronomía que ha marcado mi vida. Annie Sibonney.

El dolor era paralizante. El susto me cortó la respiración y parecía como si el suelo fuese a abrirse bajo mis pies y a tragarme Apenas tenía cinco años cuando derramé un cazo lleno de sopa hirviendo sobre mi pecho mientras trataba de sorprender a mis padres ofreciéndosela. Completamente indefensa

frente al aroma del caldo de ternera infusionado con cilantro que mi madre había preparado, arrastré una silla treinta pies desde la mesa de la cocina y la acerqué a los fogones. Me encaramé sobre ella provista de un bol y un cazo del tamaño adecuado para rescatar el mejor trozo de médula, con el interior más suculento y trémulo. Un instante después dejé caer el cazo y el hirviente líquido empapó mi blusa, que se hinchó por efecto del vapor mientras el caldo me abrasaba el pecho. Por un breve instante me quedé inmovilizada e inmediatamente después fui presa de la agonía. Aquel fue el momento que lo inició todo, el que selló el destino de mi obsesión por la comida. Fue mi primera experiencia traumática, la primera de las tres quemaduras severas que iba a sufrir en la cocina a lo largo de mi infancia, a los cuatro, once y trece años. Y lo que es más importante, fue mi primer rito de inicación a la cocina.

Después de aquella experiencia, sentí que estaba autorizada para estar allí, puesto que mi sufrimiento había forjado un espacio reservado sólo para mí. Conforme mis heridas se curaron, mi convicción de estar en la cocina creció y desató una pasión que ha marcado el romance que he mantenido con la comida a lo largo de mi vida. En adelante, los momentos más queridos de mi vida estarían intrínsecamente vinculados a la pasión por la comida. Pronto me propuse viajar alrededor del mundo en busca de comidas memorables y con la intención de sumergirme en nuevas experiencias. Pasé años viviendo en Israel,

Egipto, Ecuador y Cuba, meses hipnóticos vagando perezosamente por las playas de India y Brasil, y he devorado la carretera con todos mis sentidos. Mi insaciable hambre de comida y aventura se convertiría en el hilo conductor de los momentos más gloriosos y trágicos de mi vida.

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