En un tiempo en que la música parece circular dócilmente por los cauces de lo previsible y las recomendaciones automáticas, la cantante catalana María Arnal apuesta por la experimentación y el placer de la búsqueda de lo que no está ahí. Tras una primera etapa junto a Marcel Bagés, inicia ahora un nuevo capítulo con AMA, su primer disco en solitario, un álbum con muchas capas de sonido y de significado en el que se refleja también el proceso de investigación, en proyectos como Impossible Larynx, que la ha llevado a ampliar los límites de su instrumento natural, la voz, en diálogo con la tecnología, para extender sus posibilidades físicas y expresivas.
¿Cómo se enfrenta alguien que se dedica a la música a estos tiempos de algoritmos, a este mundo pasivo y acomodaticio de recomendaciones de Spotify?
Como creadora, precisamente porque ya hay muchísima música y salen 200.000 canciones al día, no tiene sentido para mí reproducir lo que ya existe. Encuentro mucho placer en el proceso de aventurarme hacia lo desconocido, en situarme en un estado mental que llamo de “eterna aprendiz”: la idea de colocarte de manera consciente en una situación de desconocimiento -no total, pero sí parcial- en distintos grados a lo largo de un proceso. A veces puede resultar frustrante, pero al final siempre es muy gratificante, porque el hecho de descubrir cosas que antes no sabías -o explorar espacios y dimensiones a las que ni siquiera imaginabas que podías acceder- resulta profundamente placentero y también más divertido. Estás abierta a cosas, a errores o a accidentes, que de repente te pueden llevar a algo. Y cuando estás en esa sintonía de eterna aprendiz, los errores dejan de ser realmente errores. Pero no sería totalmente sincera si no dijera que hay momentos en los que también se agradece tirar de lo que ya sabes.
¿Y como oyente?
Como oyente, también agradezco y valoro que alguien haya intentado ponerse en esa misma situación, en ese lugar que no es necesariamente ni el más fácil, ni el más directo, ni el más reconocido, aunque tampoco lo exijo y no solo escucho música que me parece que funciona desde ese lugar. También me encanta escuchar una canción de folk que es la misma -aunque tenga una letra y una música diferente- que lleva sonando desde los años 70 como concepto. Hay artistas que lo hacen y a los que admiro mucho, porque no necesitan más, cuando yo soy todo lo contrario.
En el mundo de la cocina creativa a veces se alternan propuestas más experimentales y retadoras para el comensal con otras más amables, más “para todos los gustos”. No sé si en la música es posible medir esto de manera consciente.
Creo que hay varias capas. Por un lado creo que es importante que el artista que hace una propuesta para un público entienda cuál es su marco y su límite. Y partir ahí ya está comprometiendo su esencia o su búsqueda. Habrá propuestas que partirán de otro marco y tendrán un ámbito mucho más amplio, porque están hechas para ser muy accesibles. Pero para mí la cuestión es que el radical pueda sobrevivir en un mundo donde hay muchos accesibles. Porque lo más importante es que a nivel cultural -en la música, la literatura, la gastronomía, las ideas- no haya un monocultivo, que no haya solo una realidad, sino que pensemos en ecosistemas que tienen que sobrevivir. Puede ocurrir que una propuesta muy radical no sobreviva por su propio carácter. Así que entiendo que haya una combinación de “platos” más y menos accesibles si eso va a asegurar que el proyecto en general sea sostenible y permita que se sigan lanzando las propuestas más radicales.
¿Cómo lo afrontas en tu caso?
Depende del disco. Pero quizá el mío es un proyecto que nunca se ha situado en un lugar masivo. Y muchas veces pienso: ojalá lo que me gustase hacer a mí fuera lo masivo, me encantaría. Pero no es así y no pasa nada. Me da mucha paz hacer lo que quiero y no sacrificarlo por nada. Aunque es cierto que siempre espero y deseo que lo que a mí me gusta no esté muy desconectado de la realidad. Así que no es que diga “voy a hacer esta canción porque va a funcionar”, porque lo cierto es que nunca soy capaz de ver cuál va a funcionar y cuál no. No tengo ese talento. Pero sí sé cuándo algo me gusta mucho y lo puedo defender, y me guío por eso. Sin perder nunca de vista que hay un público con el que quiero conectar.
La pasión de María Arnal por la voz humana la ha llevado a investigarla como instrumento creativo a través de la tecnología en proyectos de investigación en colaboración con el Barcelona Supercomputing Center como María Choir, en el que combina su voz con inteligencia artificial para crear coros que interactúan con el público, Impossible Larynx, que integra modelos de procesamiento de voz y visualización 3D del tracto vocal para superar los límites físicos de la voz humana, o Expanded Voices, que permite generar y manipular digitalmente sonidos y texturas vocales. También junto a un laboratorio islandés que genera instrumentos digitales creó unos brazaletes con sensores que recogen el movimiento de las bailarinas, traducido por un software a datos de síntesis con clones de la voz de María, de tal modo que al bailar, sus cuerpos crean un coro con las distintas voces sintéticas de la cantante”.
Toda esta investigación, este aprendizaje se refleja en AMA, tu primer disco en solitario, en el que hay multitud de polifonías con los clones de tus voces.
Una de las cosas más bellas de esta investigación es que, buscando hacer llegar mi voz física, a través de una extensión digital, hacia lugares donde mi cuerpo no llega, me he dado cuenta de que en realidad la voz humana es tan sofisticada y especial que todavía no es posible clonarla totalmente. Se pueden copiar algunas dimensiones: una tímbrica, una fonética, una melódica, pero no todo a la vez. Y además estas voces suelen sonar muy perfectas, porque el tono no tiene ondulación, queda súper recto. Está tan afinado que suena robótico. ¿Cómo hacerla, entonces, más humana? Desafinándola, haciéndola irregular, rugosa, llenándola de errores. En el disco, en toda esa polifonía, están todas esas extensiones digitales de mi voz, pero mi voz física está expresamente presente: puedes escuchar sonidos que normalmente se quitan, pequeñas salivas, para recordarnos que esa es la voz del cuerpo.
En AMA también hay un juego con las texturas, con las temperaturas. Se escuchan, por ejemplo, percusiones metálicas, industriales, al lado de cosas mucho más delicadas….
Intento trabajar mucho el detalle en diferentes dimensiones para que haya una complejidad. Este es un disco que tiene una inquietud muy experimental, pero me he esforzado en que distintos mundos, que normalmente suelen estar muy separados, aparezcan juntos: el cantar más tradicional con la parte más tecnológica, los modelos sintéticos, la parte emocional, los sonidos electrónicos, instrumentos muy antiguos como los órganos, o esa percusión que mencionas, que es una baqueta de batería contra una escalera metálica del estudio, para una canción muy minimalista. La intención era que la unión de las canciones pareciera muy orgánica, porque dentro de mí funcionan muy bien, no se pelean. Todos estos mundos conviven como cogidos de la mano.
Algo que también influye en el placer es la dosis, lo que en gastronomía se cae por su propio peso: con algunas preparaciones basta con una cucharita, otras piden plato hondo y cantidades generosas. En tu disco hay un tema que dura 15 segundos, otro 38… Son en total 13 canciones y apenas 27 minutos.
Exacto. Tenía mucho más material para este disco, pero no quería que te empacharas. Quería que cuando terminaras el disco sintieras hambre de volver a escucharlo. Quedarte con una sensación de que resultaba corto, pero muy intenso. También probé con distintas maneras de ordenar los temas, lo que también es un arte: Decidir cómo va a ser el viaje, qué plato va primero y cuál después… Hice una pregira con 15 temas, todos nuevos, y me di ese espacio para sentir cómo pasaban por el cuerpo que las cantaba en directo con el público. Y me di cuenta de que el orden del show no funcionaba para el disco, donde no hay luces, vestuario, coreografías… era algo más íntimo. Fue ahí donde me vi que quería un viaje intenso y corto y de que algunas canciones necesitaban engranajes, una especie de baldas entre unas y otras, y esas pequeñas píldoras hacían el conjunto mucho más interesante.
También “recuperas y actualizas recetas”. Hay en el disco un madrigal que conecta el pasado y el presente, también músicas del folklore del siglo pasado a las que aportas una luz diferente.
Me encanta la música antigua, la polifonía tradicional, y no siento que, por vivir en 2026, tenga que renunciar a toda esa belleza. Pero reproducirla exactamente igual no tiene sentido para mí y además no sabría hacerlo. Para mí es mucho más placentero recoger lo que me interesa de allí y juntarlo con todas esas voces sintéticas. Los madrigales son composiciones polifónicas del Renacimiento que surgen en un momento en el que se deja de cantar para Dios y se pasa a cantar polifónicamente para explicar una interioridad. Al madrigal del disco le doy una letra que habla de una sensación muy poco explorada en las canciones: la de una mujer que camina por la ciudad a primera hora de la mañana, que se lo ha pasado increíblemente por la noche, aunque no se dice qué ha hecho, y que se siente el ama de la calle. Describe el ambiente urbano de primera hora de la mañana pero en su interior ella siente toda la sensualidad del mundo, con metáforas muy naturales.
La mujer, las mujeres, de hecho, están muy presentes en el disco, ya desde su propio título, AMA, que puede descomponerse en multitud de significados…
El disco está dedicado a todas las mujeres de mi vida. Una manera de explicarlo tiene que ver con los estados del cuerpo producidos por el amor, por el amor en duelo, por el amor a la hermana, a la amiga, a la madre, también hay un poco de amor romántico… pero no mucho. AMA son también las iniciales de una prima hermana mí que murió por el SIDA a los 15 años y que me ha acompañado siempre. AMA tiene que ver también con, ser ama, ser la dueña de mi propio proyecto, de mi propia voz. Y por otra parte son los dos primeros sonidos que los humanos aprendemos a decir: la M es nuestra primera consonante, porque al mamar del pecho de nuestras madres se estimula la musculatura de los labios que hace posible que puedas pronunciar esa primera consonante. Y para mí son los dos primeros sonidos del resto de mi carrera.
Poética y política, belleza y reivindicación se mezclan también entre tus ingredientes. Uno de los temas, “Que me quiten”, tiene un claro discurso feminista, antipatriarcal, donde una voz limpísima, firme y clara suena sobre un trasfondo a veces inquietante.
Lo que hace el bajo de la canción es una voz sintética, que luego explota en una parte más vocal en muchas otras voces para luego volver a la principal. Quería que tuviese imágenes poéticas muy bellas, pero que a la vez pudieran ser muy descriptivas, sin ser literales, sobre los martirios que el cuerpo de la mujer ha ido soportando durante siglos de patriarcado. Sin duda es una canción que he podido escribir ahora, no habría podido hacerlo hace cinco ni diez años. Cuanto mayor me voy haciendo, más feminista me hago también, porque soy más consciente de todo lo que el cuerpo de la mujer tiene que soportar.
La voz, en cualquier caso, es la protagonista, la natural y la sintética. Ambas salen de ti, y supongo que en algún momento hace muchos años, decidiste que ese iba a ser tu instrumento, el elemento principal de tu música.
Creo que fueron el placer y la curiosidad los que me llevaron a investigarla, a conocerla tanto como fuese posible. Es un instrumento que pasa por el cuerpo. Y hay cosas que suceden rápido y otras que solo ocurren con tiempo y práctica. Es un proceso infinito y cambia constantemente. Y eso me gusta. Ahí hay un interés puramente técnico, como en la cocina: un ingrediente responde a un temperatura y le cambia el sabor y el color. Lo mismo ocurre con la voz. Cuando ya estás dentro, hay un nivel de sutileza que resulta muy gustoso reconocer. Interviene cómo respiras, la fuerza con la que sale el aire de los pulmones, cómo lo filtras por las cuerdas vocales, por la garganta, hasta la boca, donde la lengua adquiere mil posiciones, y la colocación de los dientes, de los labios, cómo se amplifica, el pecho, la nariz… Hay muchas voces dentro de nosotros. Es increíble. Cómo no enamorarse de esto cuando es tu oficio, lo que más te gusta. Habrá quien no lo haga, pero yo no lo logro. Estoy envenenada.

