Nos gusta el alcohol: mandamientos para beber «como es debido»

"Reglas" para beber mejor
Borja Insa

Borja Insa controla, como pocos, el mundo de la coctelería. A la cabeza de Moonlight Experimental Bar de Zaragoza, el bartender comparte reglas para disfrutar del alcohol sin tantos rollos.

Conócete a ti mismo
Aunque esté a disposición de todos, el alcohol no es para todo el mundo ni para cualquier ocasión. Hay que entender que se trata de un tóxico y en cualquier cantidad nos va a afectar en mayor o menor medida. Por lo tanto, es importante dedicar tiempo a conocer cuál es nuestra relación con él, a saber de qué manera nos hace sentir. Del mismo modo que a mí un solo café me produce unas taquicardias terribles, hay a quien el alcohol le sienta mal con una sola copa de vino. Y, dejando aparte el problema de las adicciones, si no te sienta bien y lo sigues consumiendo, eres un necio, alguien que no se quiere y no se respeta. Que haya gente que se emborrache sin conocimiento no es responsabilidad del resto del mundo, de los bares ni de la noche.


Investiga tus límites
Cuando era un crío me apreté una botella de Martini blanco en la peña de los mayores del pueblo. Desde entonces no puedo ni olerlo. Pero si no quemas etapas a lo largo de tu vida, si no vas gastando balas y viviendo esas cosas, a lo mejor llegas a los 50, descubres el alcohol y no lo sabes gestionar. Un botellón es un acto social que no solo va de beber. Lo que buscábamos en él era pertenecer a un grupo, establecer relaciones y desinhibirnos. El problema estaba en la calidad y la cantidad. En la juventud influyen factores económicos y también hay un desconocimiento del producto y de los propios límites. Y hoy la sociedad genera miedo alrededor del alcohol en lugar de educar en su consumo, porque la gente va a seguir consumiéndolo y, si no les educas, lo que sucede es que beben mierda, se intoxican con mierda y luego dicen que esto es una mierda. Mucha gente viene al bar, le ofrecemos un cóctel con whisky y nos dicen que no les gusta porque resulta que de críos bebieron algún whisky espantoso y ahora piensan que todos son así. Pero cuando se lanzan a probarlo, muchas veces comprueban que está muy bueno. Una educación centrada en el conocimiento, la mesura y el criterio, quizá haría que el botellón fuese un lugar de desarrollo y relación más enriquecedor y saludable. Esto es una utopía claro, pero incluso el botellón de toda la vida es mejor que quedarte en casa solo con el móvil.


Recuerda que la compañía influye en el sabor y el efecto de tu copa
En todos los círculos hay personas que te dan vida, que te cargan de energía. Y otras que, por su actitud, por sus comentarios, por lo que sea, te envenenan, te arrastran sin darte cuenta a un pozo de oscuridad, malos pensamientos y toxicidad. Estas sensaciones se potenciarán con el alcohol, que siempre nos afecta emocionalmente, así que es importante elegir con quién se bebe, porque la misma bebida puede sentar o saber bien o mal en función de la compañía. Por otra parte, yo amo el whisky y también a mis amigos. Pero hay whiskies que no bebo según con qué amigos y no pasa nada. Son whiskies especiales que requieren cierta complicidad, un disfrute más íntimo. Si esa otra persona también sabe que beber ese néctar es un privilegio, te va a sentar y a saber mucho mejor si lo compartes con ella. De lo contrario el whisky pasa a un tercer o cuarto plano, con lo que es mejor guardarlo para mejor ocasión. Si una película romántica se percibe de manera distinta en función de si vas a verla con un colega, con tu pareja de toda la vida o en una primera cita, lo mismo ocurre con el alcohol. Para disfrutar plenamente la clave es estar cómodo dentro y fuera de ti.

Procura no ser finlandés
En Finlandia hay una moda llamada kalsarikänni que consiste en emborracharse en casa solo y en ropa interior. Pero no somos finlandeses y en estas latitudes, donde vivimos más hacia fuera, beber es un acto fundamentalmente social. SI para beber con gente es importante entenderse, para beber solo aún más. A veces uno puede ser la mejor compañía para uno mismo, pero otras no. Si te encuentras en un buen momento, quizá puedes intensificar el placer de escuchar un buen disco o leer un libro tomándote mientras tanto una buena copa, entendiendo que ese placer está ligado a una dosificación y al autocontrol. Si me estoy tomando un whisky mientras disfruto de un disco de George Benson que no conozco y me parece lo mejor que he escuchado en mi vida y lo celebro echándome otro y otro más y luego otro, al final del disco me he puesto tieso como una rata y me encuentro mal, cuando podría ser un auténtico deleite. Es mi obligación controlar esto.

Mejor, sé griego
Los antiguos griegos hablaban de la sobria ebrietas, un estado de ebriedad consciente y controlada al que se llega bebiendo alcohol sin pasarse, ese puntito que facilita la conversación, diluye la timidez, nos hace abrirnos más en situaciones determinadas. A veces tomarte un vino te puede ir bien para decirle a tu madre “te quiero un huevo aunque no te llame nunca”. Un amigo está mal y te llama para tomarse una copa contigo. Esa copa te puede ayudarle a soltar cosas que quizá necesite decir y que quizá de otro modo no te contaría. Y también te puede ayudar a ti a aconsejarle algo. Pero ese amigo no viene a ti para echarse la copa, sino a estar contigo, porque el alcohol por sí solo no le aconsejará una mierda. A veces tu mente necesita un trago que te ayude a romper una barrera para poder llorar, desahogarte, incluso a encontrar respuestas a algo que quizá estando sobrio no habrías encontrado o a decirte a ti mismo cosas que de otro modo no te habrías atrevido a pensar.

Aléjate de los abrevaderos
Somos humanos, no ovejas, por tanto es preferible elegir un bar en el que todo se ha cuidado, en el que el tipo y volumen de música, la intensidad de la luz, la temperatura, la acústica, el trato… están pensados para ofrecer una experiencia que no consista solo en darnos de beber como si fuésemos animales, en el que alguien se ha preocupado por que estés bien. Ahí fuera hay puta hostilidad, todo el mundo va a lo suyo y en ciertos lugares la gente puede pensar que no le importa a nadie. Cuando entres en mi bar quiero que sientas que sí importas, seas quien seas. No tenemos tanto tiempo, tantos días libres: debemos decidir bien dónde invertimos nuestros ratos de disfrute y placer.

Invierte en beber mejor en lugar de más
La resaca es consecuencia de un exceso, pero si a ese exceso le sumas que las bebidas sean malas, que tengan un montón de azúcar… la mezcla es la bomba. Si te pillas un pedo de sobremesa bebiendo licor de café del Mercadona, prepárate porque no habrá ibuprofeno que te solucione eso. Para evitar la resaca lo mejor es beber poco y bueno. Si un whisky del supermercado cuesta 7 euros y otro 60 no es por azar. Por lo tanto, bebe bueno, lo justo y sin prisa. El amigo que llega tarde y se mete dos chupitos para alcanzarnos es el último en llegar y el primero en caer. Si tienes que hacer algo al día siguiente, sé responsable. Si no es así y te lo estás pasando bien y una copa lleva a la otra y a otra más, el dolor de cabeza del día siguiente seguramente habrá valido la pena. Pero procura beber agua entre copas. Si aun así la resaca es inevitable, lo mejor es asumirlo con estoicismo y elegancia. Y quizá ver una película, un documental, leer un libro si se es capaz … para que al menos sientas que tu cerebro aún funciona y no te sientas tan culpable por estar ahí tirado.

Pégate fuego de vez en cuando
En el mundo de hoy siempre vamos con prisa, con esa sensación de presión extrema, sometidos a un estrés que en muchos casos no tiene sentido. Y a veces necesitamos soltar gas, pegarnos fuego, desinhibirnos, bailar, saltar, gritar, romper con todos esos problemas que llevamos en la cabeza. Y el alcohol puede ayudar a liberarse de esa especie de disfraz, de coraza que el día a día nos impone, con la posibilidad, además, de regresar después a tu vida diaria con una nueva perspectiva sobre ese problema, sobre ese dramón que te ronda. Eso sí, si sientes la necesidad de pegarte fuego todos los días, si cada noche sales a gritar, a saltar y a bailar, quizá lo que tendrías que hacer es cambiar de vida…

Mézclalo todo si hay calidad
Soy partidario de mezclarlo absolutamente todo, sin ningún respeto a nada. En mis cócteles he utilizado vinos Tokajis de precios tremendos, porque me dan perfiles de sabor a los que jamás habría llegado con un moscatel guarro. No concibo hacer un cóctel con un producto malo. Hubo una época, en mis inicios en este mundo, en la que tuve que hacerlo, pero nunca nadie tuvo que pagar por ello… excepto quizá en resacas: mis amigos y mi familia sufrieron aquellos “envenenamientos” mientras yo trataba de hacer clásicos y hoy siguen a mi lado, me aman y disfrutan de los tragos que les preparo, porque son infinitamente mejores y tengo más conocimiento. Pero hay que probar, fallar, acertar, y aprender… aunque haya quien lo tenga que sufrir.

Genérate un criterio propio
Algo que me fastidia mucho es el típico barman que juzga tus gustos y, por ejemplo, se niega a servirte un whisky bueno con hielo. Cuando esto ocurre, lo que suelo hacer, muy amablemente, es decirle que no sabía que invitaba él. “Si nos invitas, como tú quieras, sin hielo”. Personalmente me gusta empezar a beber un buen whisky solo, pero con un vaso con hielo al lado. Le doy dos o tres sorbos y después lo vierto en ese vaso, sigo bebiendo hasta que no necesita más dilución y después retiro otra vez el hielo. Eso sí, al tercer whisky ya me da igual… porque el deleite gustativo y los matices que una excesiva dilución se ha podido llevar ya no los noto. Una vez más, es importante el haber ido probando para saber qué es lo que te gusta o no, conocer para formarte tu propio criterio, más allá de lo que nadie te pueda decir.

Eleva tus momentos
Cada cual tiene sus gustos y no hay una bebida específica para cada situación. Personalmente los cócteles me gustan para experimentar y como aperitivo. El whisky y el champán en todo momento, cualquier día y a cualquier hora. La ginebra si tengo calor y con el gin-tonic. El ron para fumar puros y en mojitos y daiquiris en contextos más relajados. El tequila y el mezcal los tomo poco y prefiero compartirlos con quienes aman estas bebidas, porque me sueltan tremendas chapas y me entero de cosas que no apreciaba. El vino… también en todo momento, en la mesa siempre y (algo que no suele ser tan habitual) a altas horas de la noche, como intensificador de la conversación, porque es muy buen compañero de charla. Eso sí, servido en una buena copa: una copa de mierda me arruina la noche, la conversación y el vino. Y la cerveza si no hay vino o si hace mucho calor.

Hazte con un botellero
Si quieres empezar a preparar cócteles en casa, antes de encargar una coctelera Boston, otra de tres cuerpos un strainer y no sé qué más… lo principal es hacerse con un botellero. Porque lo fundamental es tener botellas, probarlas y entender a qué saben, disponer de una cierta gama para ir haciendo mezclas. Te gustó un ron que probaste en un viaje y lo tienes porque lo vas a utilizar para mojitos. Prefieres las ginebra secas con un intenso sabor a enebro y por eso la tienes en casa… Cosas así. Es absurdo tener todo un juego de coctelería si no sabes qué es lo que te gusta. A partir de ahí, lo mínimo es un vaso mezclador, la cucharilla larga, el medidor y el colador. Y algo de vajilla: un dry Martini sin su copa es una cagada. Un buen vaso bajo si te gusta el negroni… Adapta los utensilios a lo que te apetezca beber para ensalzar la experiencia.

Mandamientos compartidos por Borja Insa en 2024.